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Se agarraron de los pelos

Catalina Rojas Casallas

“Se agarraron de los pelos” es una expresión coloquial caribeña que define la situación en la que una mujer lanza arengas a otra por cualquier episodio, buscando pelea. En este caso, la mujer que recibe el comentario arremete contra la otra sin piedad para hacerle daño físico y verbal, terminando en una batalla campal.

En nuestra cultura machista, surge la sororidad como respuesta a la violencia, término acuñado recientemente que busca construir una hermandad entre mujeres que funcione como red de amistad y apoyo. La novedad es que en el arte contemporáneo como escenario político, las relaciones de poder se mantienen con hipocresía, la doble moral y el desvelo por una legitimidad de género ante afectos y efectos secundarios que polariza aún más nuestro quehacer.

Ahora bien ¿Qué sucede cuando dichas relaciones de poder se dan entre mujeres? ¿Y cómo se hacen visibles en el campo artístico contemporáneo? Desde mi experiencia personal, suelo trabajar bajo perfil y desarrollar proyectos curatoriales y artísticos que no interfieran en procesos ajenos; sin embargo algunas mujeres han tenido que ver conmigo. Es el caso de una arquitecta, que luego de haberle prestado mis libros de museografía comenzó con el interés oculto por esta línea de acción y que, en su momento, de dientes para afuera criticaba todo lo producido en el escenario local, situación que cambió un par de meses después luego de publicar en mi muro de Facebook el haber sido acreedora a la Beca de la Secretaria de Relaciones Exteriores del Gobierno Mexicano, modalidad de Estancia Artística (2015), y de enterarme por diversos medios que ella estaba estudiando en el mismo país precisamente museografía, reconocida disciplina del siglo XIX y que se inserta en gran medida en el arte contemporáneo.

Hace un año, otra “amiga” conocedora del sector artístico y cultural del país tuvo la osadía de pedirme una carta en la que manifestara que me estaba asesorando en mi proyecto empresarial y que le pagaría dinero; dicha carta fue a parar a una entidad privada ubicada en Bogotá para acceder a un proyecto que luego le fue adjudicado. Mi organización se llama Obra Comisionada y actualmente tiene personería jurídica como ESAL, proceso que ha sido arduo y no menos importante, y que esta persona nunca asesoró y menos recibió dinero de mi parte por dicha labor.

Finalmente, siendo jurado de un Salón de Arte Joven en Medellín (2017), una de las participantes seleccionadas como artista también escritora, publicó en su muro de Facebook un apartado que daba cuenta de lo manipulable que eran los jurados (dos hombres y yo), escribiendo que no seria seleccionada y que no ganaría algún premio porque su personalidad, obra y no sé qué otras cosas más, no eran de mi gusto como jurado; cuando le comente a los otros jurados, el post ya había sido retirado, “pero ya la piedra estaba lanzada”. Concluyo que las mujeres en el medio artístico esperan recibir de forma rápida y sin escrúpulos la legitimación su quehacer, validando las mismas prácticas machistas de los hombres.

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