PCC

Editorial

Por Comité editorial P.C.C.

La evolución de la cultura está amenazada por la corrección política, el miedo a la apropiación cultural y a irrespetar al “otro”. Y en este contexto ¿de qué manera se deben mirar las producciones culturales del pasado? debemos guardarlo todo, censurarlo todo porque bajo los estandartes morales y culturales de hoy las imágenes y las ideas del pasado resultan molestas, ofensivas e inapropiadas. ¿Estamos logrando una evolución, un mejoramiento de las costumbres; o estamos entrando en una nueva era de oscurantismos morales? ¿Ocultado en un discurso de progreso, que ya de por sí es problemático porque niega cualquier pluralidad, no estaremos permitiendo el resurgimiento de dictámenes autoritarios y puristas en la producción cultural?

Lo políticamente correcto está jodiendo todo. La “buena” actitud promulgada por el extremo cuidado del lenguaje para referirse al otro, ha llegado a un punto en el que hay que tener cuidado con las ropas, costumbres, alimentos a consumir, etc. pues en algún intento por conectarse con el otro y sus diferentes formas de producción cultural, este puede ofenderse por nuestra actitud colonizadora. En este mar de acusaciones viralizadas por medio de publicaciones en redes, ¿cuál es la posición que debe asumir un artista? Una cosa es lo que uno dice en chiste, o ciertas verdades que se celebran en reuniones privadas, pero no se hacen públicas ni en obras ni en discursos. Esta es la actitud poco provocadora que asume el artista “profesional” en la actualidad. ¿Por qué existen los artistas? ¿Para qué existen los artistas?

Por otro lado ¿qué productos culturales consume la gente?

Parecería que el punto más alto de evolución que se ha alcanzado en la cultura de masas, en términos generales, es el reggaeton. Es el pico del consumo musical, y la producción estética que sigue los patrones de la cultura del narco y el dinero fácil se cuelan en diferentes partes de la visualidad actual. Mientras tanto en el lado de la militancia cultural aparece en este momento como actor principal la cuarta ola feminista -- el perreo del #Metoo -- cri-criminal. Mujeres objeto, encarceladas, “empoderadas” por/de la lírica, llegan a tener 1,240,716,110 (y contando) reproducciones en Youtube. La Fulminante, con sus punzantes performances cuenta con 6,300 vistas en uno de sus videos más populares en la misma red.

El activismo como producción de capital en la tradicional competencia del individuo más fuerte, la conversación y la accion hoy en día parecen estar enfocadas a hacer ver quien es el más activista, quien es el más justo, el más honesto, el más interseccional… esto en vez de producir cambios o al menos proponerlos, reproduce jerarquías, haciendo de los lenguajes propios de las luchas, fenómenos virales que posicionan marcas y establecen poderes sin empoderar a nadie. El activismo ha sido cooptado por la producción de capital. Hacer activismo está de moda. Y en el caso de Colombia, en el contexto del posconflicto, el estado apoya y estimula este tipo de actividades. Igual no se deje confundir, que el estado apoye no quiere decir que no lo vayan a matar. La gente que se atreve a hacer crítica abiertamente contra el establecimiento y los poderes tradicionales la pasa mal. De todas formas, el nublamiento de las fronteras entre lo oficial y lo contestatario empieza a producir una situación distópica, en la que la posibilidad de sublevación y producción de un cambio social se ve anulada. Todos pensamos que aún tenemos la posibilidad de agencia, que aún podemos pensar. Pero un hueco es igual a otro hueco.

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