PCC

“amigui”- leones y corderitos

Juan Andrés Herrera Díaz

Hay una situación que me acaba de llamar la atención: resulta que hace ya un par de semanas anunciaron la aparición de un periódico de crítica colombiana, un lanzamiento que se haría en x galería, el primero de febrero de 2018. Lo que me parece curioso de este asunto es que la universidad de El Monte publicó algo referente a este periódico, algo así como que Aungenia, profesora de la facultad, estaría publicando un texto en su primera edición. Listo, nada del otro mundo. Paco Laverde, artista y profesor de El Monte dijo que asistiría al evento y, no quedándose con esa, posteó 2 frases que me dejaron pensando, pero no por su contenido, sino por su relevancia; la importancia de la aprobación de ¡15! personas ante una posible estupidez o genialidad.

Queridxs:

Si bien es claro que hay miles de artistas bogotanos que intentan que su obra sea reconocida, también hay otros, que ya están montados en la hijueputa; y no digo que sea una cuestión azarosa, nada les quita los respectivos méritos, lo que me parece intrigante y atrayente es el poder que los sujetos montados en la espantosa tienen, las masas que mueven; así digan “ hoy cagué blandito” en un estado de Facebook. En el presente, la manera en la que nos relacionamos está ligada al uso de las redes sociales, ya sea para farandulear o lo que se nos dé la gana. Estos grandes no solo son grandes por sus labores humanas y del arte sino porque ya están grandecitos en edad; pretenden secretamente un control masivo en las redes, no contentos con los espacios reales.

Así que no sé si es una cuestión de que hay gente que ya la hizo: se abrieron a Europa como históricamente pasa en el país y en Latinoamérica y lo que hacen ahora es regocijarse con la apreciación y aprobación de un montón de pelaitos (sic) y medianos que se mueren por semejantes hechos heroicos. Entonces, seguro que los artistas sólidos han logrado un reconocimiento de alguna manera a escala internacional, pero eso no les da derecho a mofarse de las criaturas del Monte y de los Alpes.

Y esta dominación la quieren extender a terrenos donde los artistas chicos, no hacen más que adorar a los cuchos y condenar su propia existencia al panorama farandulero y presumido del arte. Las inauguraciones, por ejemplo, son, mal o bien, reflejo del trabajo que han ejercido estos grandes o medianos, y esto dentro de un espacio (que por lo general es privado): una vaina superficial. Y no son sólo artistas, hay curadores, coleccionistas y gente que de una u otra manera aporta trivialidad al círculo.

Otra vuelta que me parece de relevancia es que no quedándose con que es o son unos artistas del putas, dan la clase de las artes. Te dicen cómo deberías hacerla. Lo chistoso es que a veces, uno ve cosas geniales de estudiantes para una clase, y casualmente estas genialidades se repiten en espacios gomelos.

Creo que la palabra clave es el aprovechamiento de la ingenuidad de la que salen algunos proyectos de artistas pequeños por parte de los artistas grandes, quienes ejercen un control y poder con su educación. Conocer al artista desde su periodo gestacional es una estrategia de control y de prevención; no vaya y sea que se estalle el barro.

El consejo que les doy a los estudiantes de estas universidades es que deberían aprovechar la rigurosidad académica para hacer amigos.

Y como me preguntó un día el ave del monte con una pequeña sonrisa: “¿a qué hora se levanta?

y recuerda:

no importa si la acción es excelente o si es re paila, lo que debería considerarse es la repercusión en la gente que la pilla.

paute