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Lo mejor que nos puede pasar es que no pase nada

Por Beatriz Eugenia Díaz

En el año 2017 pasó algo. Pasó que ahora me persigue el dedo índice. Cada vez que veo un dedo índice trato de imitarlo con mi dedo. Y como su prolongación invisible es una extensión del cuerpo, pienso mi cuerpo como ese cuerpo portador de ese dedo índice. Siento. El poder del dedo índice de mi mano es el poder del dedo índice.

Señala. ¿Qué hace ese dedo, qué hace como un pivote de un cuerpo que gira sobre sí mismo? ¿Señala? Un señalamiento es todos los señalamientos. ¿Si un dedo índice toca un límite, señala un límite? Un límite son todos los límites. ¿Si un cuerpo gira sobre su propio eje y el extremo de ese eje es el dedo índice, señala un centro? El centro es uno. Y si el dedo se desplaza... Muestra.

Indica. “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.” (Wittgenstein)

Adiós al lenguaje, video 44min, 2017

Olvidé las palabras. ¿Podría volver a consultar las palabras? Lo que pasó, pasó. Ya no puedo volver. Era un video. Y no estaba proyectado sobre alguna de las paredes del espacio blanco, estaba proyectado sobre un telón tensado en una estructura. Los límites del espacio estaban dentro del telón, y no afuera. El tiempo no tenía límites. Pasaban los subtítulos, como los subtítulos de una película, y yo los leía. La imagen de ese personaje, vestido de negro, que hacía de su dedo índice el protagonista, me capturaba. Los subtítulos parecían estar dirigidos a una sola persona. A cada persona. Las frases dejaban una sensación parecida a la que dejan las imágenes. Sin palabras.

En la habitación contigua, solo palabras. El mismo personaje, ahora fuera de la pantalla, ahora sosteniendo las hojas de un texto, leía, para una audiencia, los subtítulos de una película completa. Godzilla. Los límites eran los límites del espacio donde nos encontrábamos todos los que fuimos (algunos, no cabíamos todos). Los límites del tiempo eran los límites de la película leída de principio a fin. Nos quedamos mucho tiempo esperando el final. Nos podíamos salir, aquí ya todo había pasado, pero con esta historia que relata la emoción de la amenaza, participábamos con esa sensación peculiar de esperanza compartida.

El humano no pierde la esperanza del fin del mundo, performance, 2017.

Según miembros de la Sociedad Nostradamus de América, el 2018 estará marcado por acontecimientos que se predijeron hace más de 400 años: “Sol veinte de Tauro tan fuerte tierra tiembla. El gran teatro repleto arruinará. El aire, cielo y tierra, oscurecidos y perturbados, cuando al infiel, Dios y santos, arrollarán.” (Nostradamus)

basta de profecías apocalípticas ya sabemos QUEL MUNDO SE ACABÓ.” (Nicanor Parra)

“Lo mejor que nos puede pasar es que no pase nada.” Así se titulaba la exposición individual de la artista María Angélica Madero, que se inauguró en MIAMI, en Bogotá, el 28 de abril de 2017.

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