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ALL IN OR NOTHING

Por Daniel Castellanos Reyes

Desde hace algunos años, durante el mes de octubre es costumbre que se celebre la programación de las ferias de arte en Bogotá. Poco a poco, estas se han consolidado como espacios del mercado donde artistas, curadores y galeristas apuestan todo para poner a circular y vender sus producciones del año. El 2017 en particular, nos permitió presenciar la consolidación tanto de públicos objetivos como del mercado del arte, atrayendo coleccionistas y compradores de distintas latitudes y nutriendo a un público ávido por participar de las actividades en torno al arte: foros, conciertos, y todo tipo de eventos. Sin embargo, de acuerdo a Jaime Iregui en una entrevista otorgada al departamento de Arte de la Universidad de los Andes, una de las ausencias que se pudo sentir fue la ausencia de propuestas desde la oficialidad, desde los independientes y desde aquellos que trabajan en artes ‘sin ánimo de lucro’.

Bueno, la entrevista me hace reflexionar respecto a la apuesta por parte de los artistas a pertenecer a las dinámicas globales del arte contemporáneo, gracias al rol de las ferias dentro de la normalización de las prácticas artísticas con su Grand Tour mundial. Esta reflexión, surge a partir de la ruptura con la espontaneidad y experimentación dentro de la escena artística local. Este quiebre es visible tanto en las propuestas artísticas divulgadas dentro de las ferias, como en el respeto de los lineamientos de un mercado en apariencia establecido. Iregui argumenta que Bogotá ya no es una plaza para ver en cuanto a la diferencia que tenía con respecto al arte de otros países, sino que ahora por fin los artistas tocan otros temas como la naturaleza o temas de actualidad. En esa medida, hacer crítica parecería entrar en conflicto con esta producción glocal. Lo cual pareciera alinear a la crítica y a los independientes dentro de aquellos que no apuestan nada.

Iregui argumenta que el mercado se ha instalado dentro de las ferias, que hay un incremento en las ventas, que hay mayor promoción y sin embargo, no puede citar ninguna cifra en tanto estas no son publicadas por ninguna fuente. Y es que en apariencia hay un crecimiento en producción, en ganancias y en circulación del capital, y a pesar ello, la felicidad de los agentes y de las instituciones participantes de las ferias están subordinadas a estas acciones, o por lo menos a este bluff económico. Bueno, al menos este indicador invisible está alineando a artistas y agentes culturales en torno a la instrumentalización de la cultura en torno a la economía.

Lo anterior nos hace vulnerables a los artistas y agentes culturales YA que corremos el riesgo de ser instrumentos diseñados para generar industrias culturales que reproduzcan estructuras políticas y de poder económico. Hoy, alinearnos como artistas a cualquiera de estas estructuras de poder plantea un direccionamiento de la realidad social, política y económica lo cual, puede llevarnos a convertirnos en agentes de cambio pero en el sentido de valor de cambio, ante lo cual pido sospecha, reflexión y acción cuando seamos dignos contrincantes.

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