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Malos pasos

Por Luisa Roa

Mal paso y otros senderos, una de las últimas exposiciones en el 2017 del espacio el Dorado, fue una muestra que me dejó pensando que es cada vez más difícil para mí entender la literalidad con que algunos artistas colombianos tratan de hablar de asuntos políticos e históricos del país.

Santiago Montoya se propone ilustrar la carga histórica y las implicaciones políticas del paso del Quindío para Colombia, así que, como dice el curador José Falconi, se supone que uno como espectador tiene la posibilidad de experimentar lo que implicó atravesar dicho territorio.

Como espectadora debo decir que no tuve tal sensación, por el contrario me impresionó el desperdicio de materiales que es latente en toda la muestra: un piso lleno de cacao pudriéndose, una retícula hecha de guadua con billetes amarrados en sus ángulos, libros intervenidos con hojilla de oro… en fin, un trabajo ostentoso que supongo se construye de tal manera con la intención de aludir a la historia del narcotráfico y los elefantes blancos en el país, pero que no va más allá de la enunciación de un tema.

Lo que valoro de esta exposición es que me llena de preguntas, pues últimamente se han postulado en el arte local temas recurrentes como la minería, la violencia, el narcotráfico y la política; apelando a una conciencia social o de denuncia. Creo que aquí se presentan varias contradicciones, no en todos los casos por supuesto, pero si en aquellos de los artistas que han encontrado en estos hechos un tema del que valerse para usar como argumento que sostenga una producción de imágenes, que quizás, no tenga nada que ver con el fenómeno que quieren tratar.

Ahora bien, muchas de estas exposiciones de carácter político se basan en investigaciones, pero otra contradicción que aparece aquí, es que las imágenes producidas no dan cuenta del peso de la violencia o de las circunstancias que los artistas pretenden narrar; no pasan de ser elementales representaciones de relatos que los autores van a buscar y posteriormente discursan en su trabajo.

Quizás, lo que tendríamos que preguntarnos es por el lugar y las operaciones que los artistas hemos generado alrededor de las actualizaciones históricas y políticas que proponemos, pues en muchos casos se convierten en operaciones informativas que se caracterizan por la ausencia de sus autores, quienes, en algunos casos, se encuentran ausentes y al amparo de un relato cerrado en sí mismo, que termina por no generar preguntas en el espectador.

Con todo esto, no quiero decir que todos los artistas procedan desde este lugar, mi planteamiento va dirigido a cuestionar de qué manera estamos construyendo imágenes y qué preguntas estamos generando ante hechos y problemas que nos rebasan y cuyos contextos podrían ser más amplios, sin remitirse únicamente a una cuestión museográfica.

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