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Crítica y especialistas del arte

Por Úrsula Ochoa

Debo aceptar que es pretenciosa la escritura de este texto, máxime si consideramos mi condición de inexperta; pero cuando recibí la invitación a participar de un periódico enfocado en la crítica de arte, no pude evitar recordar esa clase de artículos donde enlistan “lo mejor” en términos de obras y proyectos expositivos cada final de año. Mi inquietud se debe a la irreflexión con la cual algunos medios nombran a sus especialistas en arte.

En Colombia tenemos críticos que ya son parte de nuestra historia como Eduardo Serrano o Luis Fernando Valencia. Hay actualmente otros señores que poseen una credencial enviada directamente desde la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) cuya presidenta en Colombia no escribe crítica (¡vaya novedad!) y los textos de algunos con la célebre escarapela son de vergonzosa calidad: su propósito no es el de analizar, sino el de arremeter por Twitter y Facebook contra todos aquellos que no comparten su pontífice palabra. De la misma manera tenemos gente que escribe sobre arte, pero que el título de especialista o crítico aún le sobra, y, en el peor de los casos, hay periodistas culturales con ínfulas de críticos que suelen escribir sobre la reina del chontaduro con la misma falta de profundidad y análisis con la que escriben sobre una muestra de arte. La crítica es mucho más de lo que la gente piensa; es una disciplina profesional y debe hacerse y comprenderse con coherencia.

Un par de años atrás escribía que la teoría del arte estaba sobrestimada; pero dada la ligereza con la que se nombra a los “especialistas” del campo y a sus “expertos” creo que es momento de contradecir mis palabras. Escribir requiere, de conocimiento, el conocimiento no se gana haciendo lobby en las exposiciones ni posando con sonrisas forzadas para la foto del Jet set; el conocimiento se adquiere con la experiencia, la experiencia se cultiva leyendo, analizando, teorizando, observando muchas obras y muestras de arte y estudiando.

Los peligros del populismo, la demagogia y la ignorancia, sobre todo esta última, son los que propician que cualquiera pueda aferrarse a una frase mal entendida de Joseph Beuys y se nombre artista, y digo cualquiera porque parece que ni siquiera para ello se necesita estudiar; basta con un curador “generoso” que te saque del anonimato sobre todo si eres un outsider que pinta prostitutas o un nativo, porque el mundo del arte, además de arribista, ama el exotismo. Pero aún con la mal interpretada frase de Beuys, deberíamos tener las agallas para decir que no todos son artistas y menos aún especialistas de arte.

¿Cuántos libros hay que leer, cuántos estudios que realizar, cuántas experiencias convierten a un aficionado raso en un conocedor y a un conocedor en un especialista y crítico de arte? Sería ya el colmo de la pretensión responderlo; pero sí que vale decir que los especialistas deben poseer un pensamiento agudo que no será de cualquiera, que la crítica de arte aún hoy es posible y, sobre todo, es urgente.

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