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En la cueva en Patmos

Por Amalia Moreno Restrepo

San Juan

San Juan Evangelista trató de copiar con la mayor exactitud las palabras que le dictó Dios. San Juan, por demás, tuvo que haber sido un hombre muy valiente para aquellos días y para estos. El techo de piedra mesocámbrica de la cueva en Patmos se rompió en tres pedazos y el evangelista copió afanosamente el apocalipsis de todos los hombres mientras Dios dictaba.

San Juan a sabiendas de que el juicio de toda la humanidad pendía de su valentía, copió todo lo que pudo. No le importó el cielo gritando mientras se quebraba la piedra ni su alma humana y sencilla de pescador. El humilde apóstol hijo de Dios nos entregó a los hombres casi todo lo que le fue revelado.

Dicen que su cadáver desapareció y ascendió al Cielo gritando y rugiendo como las piedras —Mi Voz! Mi voz! Me llevo mi voz! San Juan Evangelista, por demás, fue el poeta más prominente de su tiempo y uno de los filósofos más influyentes de la modernidad.

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