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PARA QUÉ SIRVEN LOS ARTISTAS

Por Francisco Camacho

“...la impopularidad de los sistemas de filosofía especulativa, sin importar como son explicados, en un país donde las estructuras y tendencias de la sociedad presionan todas las actividades de la nación en una dirección exclusivamente práctica.”

Thomas de Quencey, Los últimos días de Emmanuel Kant.

Ríos, lagos, mares y océanos de tinta han corrido explicando las razones por las cuales Platón excluyó a los artistas de su República. Mi teoría personal apunta a que el filósofo pensaba que el arte excita valores particulares que podrían sobrepasar los valores comunitarios del estado. Esto conlleva a una posible destrucción de la sociedad y a la pérdida de control del estado sobre operaciones tan importantes como lo es la educación, por ejemplo… ¡Todo arte ha de ser censurado! ¡La censura debe ser aplicada al arte bueno y al malo!… nos grita aun Platón desde su helenístico cenotafio.

Entre los estudios sobre el tema que he leído, tal vez el más certero es el del profesor coreano Hee Dong-Yang, quien en la introducción de su libro Cómo Reconocer los Caracteres Chinos propone la pregunta por la “Imagen” como nudo de identidad de los pueblos. Las imágenes son la herramienta de los artistas, ellos se encargan por ende de construir y hacer visibles los problemas e identidades de los pueblos; ya que el modelo de la República de Platón está aun a un nivel inconsciente y utópico, el filósofo teme que los artistas se tomen el poder con sus efectivas y reales herramientas.

Pero Platón no es el único filósofo que excluye a los artistas de su sistema, Freud igualmente los contempla con ojos, narices y manos sospechosas: “Los artistas poseen en su arte una llave maestra para abrir con facilidad el corazón de todas las mujeres, mientras nos mantenemos (los que no somos artistas) indefensos ante los extraños diseños de la cerradura, y primero tenemos que atormentarnos para descubrir una clave adecuada para ello.” La historia, que es tan caprichosa como un reinado de Miss Universe, tal vez algún día nos dejará leer en una carta olvidada dentro de un libro de griego clásico para principiantes, el nombre de aquel adolescente con ojos de poeta que le quitó la novia al hombre que forjó la teoría pseudo-científica más importante del siglo XX.

El analista siempre vio a los artistas como figuras problemáticas, inmaduras, guiadas por sus impulsos, sensibles, emocionales, etc. fruto de instintos sexuales reprimidos desde la primera infancia. Todas características que se oponen a las del hombre de ciencia, como Freud mismo, emprendedor, racional, investigador, con capacidad de análisis gracias al empleo de un método científico fundado tres siglos y medio antes, lo que lo hace armonioso, estable, con criterio etc.

Esta “idealización” del artista por parte del terapeuta no es gratuita, ya que el artista siempre está sospechando. Este elemento de sospecha está presente en las artes desde la racionalización de la profesión por parte de Freud, a través de una teoría en la cual nos explican cómo supervisar nuestro consciente, inconsciente; y, además de esto, Freud agrega que las artes tanto en su producción como en su consumo, están basadas en el principio del placer, que es de por sí, un índice de medición al momento de analizar una producción.

El artista se auto-convirtió en un elemento de sospecha para la cultura, el ciudadano que está planeando algo, el raro, el loco, el inadaptado. Los artistas hemos tenido los mismo y sistemáticos comentarios de los amigos y conocidos: “usted esta muy loco!”

Pero el dios Maya Yum Kaax, divinidad vengativa y dios de los artistas, no se quedó corto en acciones contra las palabras de Freud: Los escritos de este último nunca fueron apreciados a un nivel científico, sus teorías nunca serán probadas, además hay que anotar que el contexto de la Viena de la belle époque ya está tres guerras mundiales atrás. Freud fue postulado en dos ocasiones al premio Nobel de literatura, como cualquier otro autor de ficción o de sistemas de filosofía cuya interpretación nunca viene de un ejercicio de pensamiento racional.

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